Génesis del film noir

Film noir. Cine negro. Aunque la denominación film noir como artificio para englobar una serie de características que definen el marco operativo del género se emplea por primera vez en la década de los 70, las miradas focalizaron en los años 20 para hablar del más primigenio gansterismo.

La dialéctica que se destila del concepto de género viene a justificar  la descripción de una época para determinar influencias, préstamos y servicios; o lo que es lo mismo, el género se constituye como modelo que funciona como “metáfora de la sociedad en la que se inscribe y a la que toma como referente” (Hurtado, Cine negro, cine de género. Subversión desde una mirada en sombra, 1986). Por ello mismo, no conviene apartar la mirada del devenir histórico de América para identificar las claves del modelo del film noir

La década ominosa americana, cuyo inicio resulta de una gran depresión económica en 1929 que mermará durante los años 30, sin esquivar la II Guerra Mundial y, pese a salir victorioso de ella, estancando a la sociedad en un pesimismo notorio y una nostalgia de los felices 20′; esta década, que vino a liquidar la confianza en el bienestar del recién estrenado capitalismo y supuso un inusitado ahogamiento, dio a luz a una conciencia cada vez menos subterránea que identificó la delincuencia como una práctica a pie de calle. Con precedentes notables pero marginados, como el contrabando de alcohol durante los años 20 a la luz de la ley seca, junto con un broadcasting cada vez mayor de noticias de atracos o grandes robos, Hollywood no pudo apartar la mirada de una realidad latente que, además, contaba con el aliciente que, desde antaño, la novela negra había cosechado: la intriga, la representación de la otredad y su consecuente morbo. Este género literario no es, desde luego, ajeno a la incursión del cine en las historias de crímenes. Su nombre es en primer término deudor de esta novela negra, sin ir más lejos. Toma de ella la asiduidad de los relatos fragmentarios, con un torrente de hechos narrados velozmente; la sorpresa, la existencia de lo inesperado, juegan también un papel crucial para dar sentido a la película, al igual que en la novela. También se aprecia el préstamo de la crítica social, que Hollywood pronto se molestará en intentar limitar (Código Hays). La dualidad legalidad-moralidad se convierte, como se dice, en una metáfora de lo correcto y lo ordenadamente correcto presente en la sociedad. Más que una metáfora, supone la plasmación de ordenanzas tipificadas explícitamente (leyes) y ordenanzas cultivadas distintamente en una misma sociedad. En consonancia con esto, la justificación de los delincuentes encuentra en la filosofía freudiana (no casualmente, divulgada en Norteamérica en la década de los 40) un argumento de autoridad científica. Las parejas consciente/subconsciente y eros/thanatos ofrecen una explicación a la actividad delictiva común en las cintas de cine negro: los agentes psíquicos (pulsión, complejo, sexualidad mal resuelta…) terminan por doblegar la voluntad de la persona.
Con todo, la institucionalización del cine negro bajo las directrices mainstream es inminente. Con El enemigo público, Scarface, el terror del hampa, por citar ejemplos representativos, la sociedad fagocita las nuevas siluetas de gabardina gris, las persecuciones policiales y los atracos a mano armada. La metáfora retroalimentaría deviene plenamente eficaz. Es entonces cuando desde las instituciones oficiales se vierte una serie de opiniones contrarias a la glorificación del gánster presente en estas películas (cuestionable hoy día, pero apreciable notablemente en aquella época). Opiniones que pronto cristalizarán en ordenanzas contrarias a cierto grado de violencia y a la imagen que se ofrece de los servicios de seguridad.

El bandolerismo practicado en la América profunda, fruto de la Gran depresión, protagoniza historias cinematográficas, y se da a conocer, como se dice, en la prensa. De manera tangencial, las primeras cintas de gánsteres dan voz a un retrato del americano de edad media que ha visto reducidas sus capacidades adquisitivas (sino truncadas irreversiblemente) y, si bien no se entrega (siempre) a la delincuencia incondicional, por primera vez la contempla como una realidad no tan distante entre sus posibilidades inmediatas. El criminal practica, a ojos de una sociedad con dificultades manifiestas, una forma de enriquecimiento fácil y rápido, si bien poco escrupuloso. Además, el conflicto internacional agrava el pesimismo que se respira en el país, incrementa el desencanto social, la incertidumbre política; aumentan la prostitución y la delincuencia juvenil (esta última, la infancia dolida, leitmotiv de muchas cintas de cine negro). El cine funciona de escapismo ante el desconcierto general mientras ve incrementada su taquilla, y en lo que al género se refiere, esboza “una sociedad en descomposición sustentada en el principio de inseguridad individual y en el miedo colectivo” (Hurtado, Cine negro, cine de género. Subversión desde una mirada en sombra, 1986).

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