Wim Wenders – Alicia en las ciudades

[CINE] La particular fijación que mantuvo el cineasta alemán Wim Wenders durante su temprana obra de reciclar el formato de la road movie, paradigma de los nuevos asfaltos e insospechados horizontes que se abrían en los 70, cristalizó en una trilogía garante de su virtud; en tres películas que justifican de largo la reinterpretación que sostienen, y que integran como acepción una mirada europeizante del concepto de película de carretera. Wim Wenders participa del género, se lo apropia sin pretexto de rebeldía –como había sugerido últimamente este formato-; amplia sus márgenes (arcenes, semáforos), deriva su naturaleza hacia una carrera más interior que exterior, con personajes que se adentran en el latir de un curtido discurso filosófico: a saber, la crisis de existencia, la búsqueda de la realización en algún kilómetro sin explorar.

 
Esta exploración es, de hecho, la que guía los tres films. Es el viaje que comunica dos sociedades contrapuestas (la exigua pero añorada, rural pero contaminada, prometedora Alemania; y la hastiada, extraña y decepcionante Norteamérica); es el auténtico vehículo que encierra toda road movie: para Wenders, el viaje hacia la entraña misma, hacia el conocimiento de uno mismo.
Alicia en las ciudades es la más temprana de las tres cintas. Inicia el ciclo porque advierte su intencionalidad: la de manifestar la ensoñación de la persona, en tanto se realiza como tal: la falta de una vocación mantenida; o, mejor dicho, la diéresis sobre esta vocación, el tiempo de su forja, durante el cual los personajes aspiran a realizarse en algún terreno aún neblinoso. En Alicia en las ciudades, es un joven periodista el que desatiente su profesión. Sólo acostumbra a vagar por el entramado de carreteras y hoteles americano tomando fotografías con su Polaroid mientras no atiende sus labores editoriales. Esta desgana por la ejercicio profesional tiene su inscripción en la sociedad americana: una sociedad que parece no satisfacer al individuo que la acepta, quien, no obstante, la observa e intenta tímidamente encontrar su sitio en ella. Las fotografías que el protagonista toma manifiestan un interés por sus arquitecturas modernas y sus gasolineras particulares; no son, no obstante, más que un reducto de la ambición de conocer nuevas cotas y experiencias, y esto es lo que definitivamente mueve a aquellos con corazón desarraigado.
 
 Así, el protagonista, Phil, se encuentra consigo mismo vacío, y decide abandonar América, tierra de incoherencias personales, a donde fuera a encontrar fortuna, y regresar a su Alemania natal. En su hacer se encontrará, repentinamente, al cuidado de una niña por encargo de su madre.  Phil se implica, con buena voluntad y de manera altruista, por devolver a Alicia al seno de su familia, ya que su madre desaparece de escena y la niña convive con Phil durante varios días. Es en esta relación donde se produce el florecimiento del personaje:  Phil recorre, de la mano de una inocencia arrogante –la que, seguramente él manifestó- su Alemania particular, en busca de la abuela de la joven, sin pistas precisas a cerca de su paradero y, de hecho, sin necesidad de tenerlas. Confía gratuitamente en la voz de la niña, que a capricho parece condicionar la ruta de viaje de ambos y que, en última instancia, parece contenta de convivir con Phil –de hecho se escapa de la policía para ir con él; parece identificarle con un padre, ausente durante toda la película. La comunicación se afianza en pos de ese florecimiento, y formula una extraña pareja en esta road moviepersonal. El protagonista descubre una confianza ciega que deposita, de forma insospechada, en Alicia, una desconocida perteneciente a un mundo desconocido; una confianza que deviene afecto, que implica esa tristeza que embarga a ambos cuando el viaje en carretera termina y la niña es llevada con su familia.
 
Alicia en las ciudades es una exploración constante, fortuita, incierta, en tanto que se construye a la deriva. Phil se encuentra repentinamente a sí mismo, de camino a Múnich, con la intención -anhelada en su esencia de vocación, interés, ánimo- de contar una peculiar historia de dos desconocidos con kilómetros de convivencia y horizontes de divergencia.
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