Narciso egoico

Durante largo su apego fue dirigido a  las personas. Quiso salvarlas de su propio destino, arrancarlas de las entrañas del olvido y guardarlas para sí. Llegó a asumir que en su vida algunos llegan y otros se van, pero aun en esos momentos una fuerza dentro de él no quería dejar a nadie salir del cerco de su dominio.

Aquello que temía era la soledad, el paso del tiempo diluyéndose como una pizca de arena en un océano de incertidumbre; como la propia arena filtrándose entre los dedos, escapando de la firmeza de los puños. Tenía miedo a perder las conquistas. Él había invertido tiempo, pocas veces pero mucho tiempo, en plantar algo de sí en algunas personas. Por encima de la carne, la mente; el amor, el cariño y el roce, tenía miedo de perderse a sí mismo, llegar al final del camino vacío y pensar que todo ha sido en vano, que no haya nadie allí que le recuerde quien es él y le muestre sus propios labios gozosos saboreando el triunfo del recorrido.

Nuestros más allegados son fragmentos de nuestra propia alma, desprendidos, que hemos liberado de nuestro dominio interior. Queremos atarnos a ellos con una cadena de cuerda infinita que nos asegure nuestra propia integridad, nuestra pertenencia. Él tenía miedo de perder esos lazos, solamente eso. No exigía nada de ellos mas que le recordaran quién fue, quién era. Amaba su propio rostro.

Eco y Narciso

(Eco y Narciso, John William Waterhouse)

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