Ateísmo, agnosticismo: una gran falacia de nuestro tiempo

Partiendo del complejo de conciencia individual que sufre el ser humano en el mundo, en los estados racionales y mentales de la existencia (predominantes como masa crítica de la humanidad a día de hoy), resulta evidente constatar que estas posiciones ideológicas, ateísmo y agnosticismo, no son sino parte de ese constructo de conciencia humana personal, ese Yo diferenciado de la maraña del Ello. En su discurrir en el mundo, el Hombre adquiere la noción de ‘separatidad’ de lo que podría llamarse ‘el-resto-de-las-cosas’ progresivamente en los estados pre-mentales (infancia, adolescencia), concepción que culmina en los estados racionales y mentales, ya que es esa razón la que posibilita una conciencia de esta Soledad Impretérita (el niño se halla en un estado pre-personal en el cuál no existe la capacidad de autoconocimiento, conforma un reducto de aquel Paraíso Perdido de ignorancia; en cambio, el ser racional es capaz de registrar esa soledad).

theres_probably_no_god_now_stop_worrying_card-p137053260497814500z85p0_400

La razón brinda pues una herramienta imprescindible para el desarrollo de la conciencia, la capacidad mental y la imagen del lenguaje, pero a su vez, su condición de mente-consicente recuerda al Hombre su desolación, su esencia encerrada en una separación del mundo llamada cuerpo. Esta aterradora soledad es condición de la diferenciación, del aislamiento que la mente primeramente descubre. E indefectiblemente, para paliar esta abrumadora sensación de vacío y distancia entre el sujeto y el objeto Mundo, el Hombre se afana por crear proyectos de inmortalidad que consoliden su vinculo con las cosas. Estos puentes operan a muy distinto nivel, pero su mecánica es idéntica: la posesión material, la erudición, el poder, etc., y todos ellos son contenedores del verdadero eje inmanente: el miedo a la desolación.

Al tratar las concepciones ateas y agnósticas del mundo, vemos que son opiniones forjadas (no importa realmente la causa) que forman parte del sujeto como vehículo de defensa ante la separatidad (al igual que, en realidad, cualquier creencia que incorporemos a la formación de nuestra personalidad egoica). Son una fuerza a la que asir nuestra convicción y sentir complicidad con el Resto. En realidad, estas posiciones, y en lo que aquí respecta, el ateísmo y agnosticismo (que se definen precisamente por no formularse como creencia mítica, como rechazo de divinidad o intrascendencia del término) forman parte de la formulación del Ego individual; son, pues, meros proyectos de inmortalidad que aspiran a evadir la Soledad Contemplativa. Su discurso, opuesto a la creencia en entidades transpersonales, es sólo una curiosa apariencia que toma en este caso el complejo egoico de las formulaciones dogmáticas; ontológicamente, ambas dos corrientes son una más de las cosmovisiones que se abrazan como rechazo de la soledad imperecedera del Hombre, condición de su humanismo ancestral separado del resto de las cosas. Ateísmo y agnosticismo son, pues, en el puente que conecta su discurso y su esencia, una falacia.

Son dos corrientes de pensamiento que cumplen firmemente con a) la necesidad del Hombre de tener un armamento de creencias (lo que ya desbarata su discurso enfrentado) y con b) la negación ontológica del Hombre de permanecer sin una búsqueda de la inmortalidad (en realidad, esta búsqueda es la búsqueda ontológica de Dios, transfigurada a los estadios egoicos (mentales) como ideologías y doctrinas que prometen firmeza con la que asirsse, en un panorama quimérico de muerte física -lo que, de nuevo, destruye su faceta antiteológica). Su docta y limitada visión de lo material y su insistente negación de los estadios transpersonales del Ser les confina a un sinsentido ideológico donde, no obstante, es muy fácil caer presos, pues se satisface de forma arriba referida la voracidad metafísica del hombre (querer-ser Dios, o, en su defecto, vencer la insoportable soledad de separación) adecuada al estado egocio-racional desde donde nacen estas doctrinas. Además, estas posturas se comprenden de manera relacional con certeza a la luz de los estragos que la civilización occidental ha hecho con el mundo de las ideas. En este constante envite a todo lo no-material, ese abominable y reduccionista dogmatismo cartográfico característico de la verdadera nueva religión (la ciencia), estas ideologías nacen como necesidad en un panorama reducido al átomo y su correlato social (la sociología, psicología, etc, en sus facetas racionales excluyentes). Negar la existencia de lo transpersonal está en su esencia, asique no es de extrañar que se engendren ideologías concretas cuya oposicion sea dedicada y militante.

La admiración y la confirmación en el ateísmo o agnosticismo forman parte de esa fuerza inmanente al hombre de “querer ser”, una directriz que toma en los estados egoicos la promesa de inmortalidad que las ideologías ofrecen; pero esa incesante búsqueda no es otra que la única e integral búsqueda de Dios. El ateo es, pues, un pastor más, confuso, que se niega a abandonar su búsqueda de Dios y termina negando su propia naturaleza, y con ella la de toda la humanidad.

michelangelo_1_creation_of_adam

[Inspiración principal: El Proyecto Atman, K. Wilber]

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s