La Misión

Cuando un hombre sigue el camino del mundo, el camino de la carne, o el camino de la tradición (esto es, cuando cree en los ritos religiosos y la letra de las escrituras, como si fueran intrínsecamente sagrados), el conocimiento de la Realidad no puede surgir en él.

Shankara

En este mundo desmembrado, de pasiones cortas, ajenas, distintas del Logos, Dios, Caridad, Compasión, Vacuidad; en este mundo enfermo, como en toda enfermedad, rezuman, casi asfixiados por la sombra del veneno, los brillos genuinos, los retazos de lo único que, en salud, ES. La única misión de hombres y mujeres, entendida como complejidad, que atañe distintos quehaceres, pero todos con mismo objeto; la unica misión, pues, es la del Vidente, la del Mago, el Sanador: saber, en primer lugar, Ver, para después manipular y finalmente Sanar, curar y devolver la sombra hacia atrás, donde esté negada, vigilada. En dicha tarea muchos han intervenido, muchos han contribuido, tanto para avanzar en su logro como en ahondar en su dificultad, a través de méritos y desméritos. La acción del ser humano nunca pasa desapercibida, e incluso el silencio más necio e inocente apunta en una dirección. Esta tarea, la única que merece ser llamada ‘humana’, esa que adquiere infinidad de roles que comparten el mismo sustrato, es perseguida y siempre lo será, pues no es otra que la Virtud, y como nos dijeron los clásicos, ‘la virtud siempre es desgraciada’. En este hacer, que no es otro que el que comienza en la Iluminación y termina en la Compasión, siendo sólo temporal en tanto proceso que lleva al Hombre de la visión a la acción y de la acción a la visión, existen muchos maestros que se aparecen como renglones prohibidos en la Historia. Prohibir no siempre consiste en impedir, también le son funcionales la mentira, la ocultación, la manipulación. Así, los sabios de la Humanidad, habidos hoy y ayer, mayoritariamente anónimos, recogidos bajo las enseñanzas de algunos renombres imperecederos, han expresado La Misión, pero con hacerlo no fue suficiente para comunicar, pues de su interpretación ha derivado su uso. No obstante, dicha sabiduría está ahí, generalmente anclada en lo profano, como invitación a mirar más allá de lo obvio, a confiar en lo alegórico como maniobra evasiva para que la Sombra no advierta la rebeldía. En la metáfora, en el ejemplo, existe Dios, que es en Verdad muy distinto, pues, de sus representaciones habituales. Y en tanto símil, la búsqueda de Dios no es un motivo religioso, ni tampoco filosófico, ni científico. ‘La búsqueda de Dios’ es el epitafio que coronará la tumba de lo humano. Resulta en lo ineludible de la condición humana, permitido o impedido, consciente o inconsciente. La cuestión compete, por tanto, mantenerse humano, y nadie estará para discernir entre qué es ser humano y qué dejar de serlo salvo la conciencia de cada cual, que más o menos poderosa, marcará el camino que cada ser sufra. La búsqueda de Dios nos compete a todos, lo queramos o no, lo que marcará nuestro existir como víctimas o culpables de nuestro Destino. En un mundo de mentiras y de cada vez más poderosas formas de control mental, la intervención de las conciencias está originando una mayoría cada vez más impedida para Ver. Algunos ya han advertido de lo exhausto y moribundo que se halla ya La Cuestión Humana. Lo único que puede evitar el Aguijón Mortal, lo único que puede prevenir el Mal Final es el trabajo común de los Videntes, que sin creerse mejor, más bien, considerándose “pobres en espíritu” pero siendo “puros de corazón”, hagan florecer la rectitud y hagan a la humanidad, en lo posible, mirarse su verdadero rostro al espejo, asumiendo que, de todas formas, cualquier Final que advenga será asumido como aquéllo que todos hemos merecido y sufrido. Y la herramienta para dicha obra no es oculta, más bien resuena tan obvia como necesaria. Es el amor, muy distinguido de los sucedáneos de la Carne que habitualmente se venden. El Génesis existe en el verdadero amor compasivo, aquél que le desea al otro Verdad y no Felicidad. El amor es, pues, objeto de odio del Odio, pues contiene la Salvación. En lo terreno, tal y como lo conocen hoy los occidentales, el amor, aunque se trate de una categoría impura por lo viciado del entorno, es perseguido e indeseado, mediante la propagación del odio. Obrar en el amor para saberse en Verdad es el fondo de la cuestión, de ‘toda’ cuestión.

La Lucha lo abarca todo, pues la Visión es integral, y no emana de monasterios ni cátedras, sino de la Libertad de Conciencia, aquella que sujeta a la Verdad como vara, la única que permite Ser en puridad. Rescatar lo proverbial de la historia para profanar su cáscara y encontrar el leitmotiv de la sabiduría humana, la cuestión divina, es tan necesario como confinar la interpretación que de dichas lecturas se haga a lo finito e imperfecto de nuestra vida, y no a teoremas o sofismas ajenos. Rasgar el símil desde la Compasión y reencontrase con todos los poetas que así lo hicieron provee de la energía apropiada para luchar, luchar sin cese, con la única guía de la Verdad, a la que rendir incansable esfuerzo y sacrificio, “sacrum, facere”, “hacer” algo “sagrado”, convertir algo en “sagrado”.

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