Kali Yuga, la noche oscura del alma

Hay todo un universo referencial escondido en las escrituras sagradas de las grandes tradiciones de sabiduría. Una persona prudente se acerca a ellas con el ojo de la metáfora, a sabiendas de que su descripción contiene seguramente más valor como alegoría que como representación del mundo. Lo estrictamente representativo en su literalidad carece de valor transcultural.

El mito hindú del Kali Yuga, o Edad Sombría, es tremendamente significativo a la (poca) luz del tiempo en que vivimos. Según los vedas hindúes, el tiempo tiene carácter cíclico y en él se suceden períodos de mayor o menor adecuación al principio divino, es decir, respeto y promoción por la integridad de la experiencia humana como búsqueda del sentido profundo de la vida. Esta búsqueda tiene mayor o menor atino como caracter colectivo (ya que en lo individual siempre existen excepciones no importa el estado de las cosas del mundo) segun el periodo presente, siendo Kali Yuga el último de ellos, donde la desconexión con la meta espiritual es casi total.

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Kali Yuga existe en nuestro tiempo. La deriva civilizatoria que vivimos es evidente, a pesar de los avatares del progreso, que se empeñan en sumergirnos en una bobería constante. Las estructuras sociales dominantes que tenemos son violentas, jamás un éxito, y fruto de ellas hemos nacido depredadores, poco hermanados, desatendiendo el vital compromiso con nuestros semejantes no como brutal egoísmo sino como compasión despreocupada. Sólo en los escondites de nuestra intimidad aún no violada podemos ejercer la paz y el amor como inspiración genuina, y acaso ya muchos de estos espacios han sido del todo devorados en muchas personas. La descripción del mundo moderno podría ocupar páginas y páginas, cada rincón de nuestra mezquina existencia contiene sombras producto de un estado de cosas catastrófico, con el que mantenemos una relación de víctima y de corresponsables . Es importante notar que Kali Yuga se refiere al pálpito común, al centro de gravedad sobre el que una civilización orbita; no niega, no obstante, los resquicios de luz que surjan como contrafuerza (destacados de hecho por otros textos sagrados), como minoría rebelde a la ‘noche oscura del alma’ de los cristianos, a nivel particular o con suerte, organizado.

La hegemonía de las fuerzas opresivas en lo social de los principios de libertad, verdad y respeto son monstruosas, resulta verdaderamente difícil imaginar un cambio sustantivo en las formas de vida comunes. Kali Yuga tiene una cronología prevista por las escrituras antiguas y se inició en el año 3102 a.C., es decir, la totalidad de lo que consideramos cultura ‘tradicional‘ entraría dentro de este período sombrío. Aquí caben numerosas interpretaciones; algunos no interpelan mas que al valor alegórico del proceso, sin circunscribirlo a fechas concretas; otros ven en esa reducción de toda la historia escrita al Kali Yuga una necesidad de ser, o también, la progresiva desnutrición de la libertad en pos de los demonios del progreso, con la culminación del ciclo como la catástrofe y a la vez el nuevo nacimiento. La obra del Hombre en la Tierra, con ser ambiciosa, debe batirse con tinieblas que determinan la lucha misma, condición por la que se le permite al Hombre ser libre victorioso y elevarse sobre la derrota. Las palabras de René Guénon sobre el paradigma de Kali Yuga en lo referente a la relación del conocimiento del Hombre con el principio divino/la libertad fueron brillantes.

“[…] la negación de la verdadera intelectualidad, la limitación del conocimiento al orden más inferior, el estudio empírico y analítico de hechos que no son vinculados a ningún principio, la dispersión en una multitud indefinida de detalles insignificantes, la acumulación de hipótesis sin fundamento, que se destruyen incesantemente las unas a las otras, y de visión fragmentaria, que no pueden conducir a nada salvo a esas aplicaciones prácticas que constituyen la única superioridad efectiva de la civilización moderna; superioridad poco envidiable por lo demás, y que, al desarrollarse hasta asfixiar a toda otra preocupación, ha dado a esta civilización el carácter puramente material que hace de ella una verdadera monstruosidad”

Yo consideraría lo fundamental la referencia a la desconexión de los diversos ‘hechos’ del hombre con ningún principio, cuando no la negación final, propia de la modernidad, de todo principio, el delirio psicosocial propio de las ciencias modernas y en general de las estructuras colectivas contemporáneas.

kali yuga

Kali Yuga  se ha ido profundizando, la brecha entre la obra del Hombre y su comprensión integral es tremenda hoy día, donde bajo el pretexto de la religiosidad  aberrante, el anticlericalismo europeo o la sumisión forzosa en otras culturas del mundo, se reniega de todo principio divino. Las formas de vida actuales abrazan formas de espiritualidad manidas, intrascendentes y pasivas, como las religiones de manual o las impuestas (en el Islam político), la ortodoxia pura; cuando no, se rechazan estos narcóticos espirituales, pero no surge más que en minoría la necesidad de un encuentro final, una búsqueda espiritual plena no atada al sacramento como imperativo externo sino como convicción de voluntad y entrega y con fundamento en la libertad de expresión, libertad de culto y libertad de conciencia, sin guerras santas, ni cruzadas, ni imposición moral o de fe.

Sin olvidar realizar una lectura simbólica de Kali Yuga, resulta memorable nuevamente René Guénon a la hora de forjarse una actitud con la cuál lidiar con el momento.

“Parece que ya no sea apenas posible una detención a mitad de camino, y que, según todas las indicaciones proporcionadas por las doctrinas tradicionales, hayamos entrado verdaderamente en la fase final del Kali Yuga, en el período más sombrío de esta «edad sombría», en ese estado de disolución del que no es posible salir más que por un cataclismo, porque ya no es un simple enderezamiento el que entonces es necesario, sino una renovación total. El desorden y la confusión reinan en todos los dominios; han sido llevados hasta un punto que rebasa con mucho todo lo que se había visto precedentemente, y, partiendo del Occidente, amenazan ahora con invadir el mundo todo entero; sabemos bien que su triunfo no puede ser nunca más
que aparente y pasajero, pero, en un grado tal, parece ser el signo de la más grave de todas las crisis que la humanidad haya atravesado en el curso de su ciclo actual. ¿No hemos llegado a esa época temible anunciada por los Libros sagrados de la India, «donde las castas estarán mezcladas, donde la familia ya no existirá»? Basta mirar alrededor de sí para convencerse de que este estado es realmente el del mundo actual, y para comprobar por todas partes esa decadencia profunda que el Evangelio llama «la abominación de la desolación». Es menester no disimular la gravedad de la situación; conviene considerarla tal como es, sin ningún «optimismo», pero también sin ningún «pesimismo», puesto que como lo decíamos
precedentemente, el fin del antiguo mundo será también el comienzo de un mundo nuevo.”

René Guenon, La crisis del mundo moderno

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