El reformismo obligatorio: crítica radical al deseo de reforma

Los últimos sucesos en el plano político muestran una hoja de ruta de lo que recorreremos como ‘España’ y seguramente como ‘Europa’ en los próximos años, no sin estar recubiertos de incertidumbre que, junto con el ruido mediático que se está provocando, dificultan un análisis de cada cuestión; no digamos intentar sacar conclusiones comunes a todos ellos, que es hasta una parte imposible por lo invisible de las dinámicas que realmente están detrás de los hechos. Pero, con las verdaderas causas veladas, en su mayor parte, a la opinión pública, sí se puede hacer un comentario político sobre lo que se nos dice, sobre lo que se vende.

En lo común, la abdicación del rey, junto con la sacudida al llamado ‘bipartidismo’ en las europeas, enarbolan la tela de la reforma, un concepto con el que se viene encandilando a la opinión pública desde hace un ya un tiempo, como respuesta a su desazón por la trágica situación de paro, corrupción y algún que otro odio de más (por ejemplo el fervor feminista y cualquier otro aderezo que pretenda hacer el arma de la protesta más gruesa). La realidad es que el reformismo del sistema implica, en primer lugar, un acuerdo tácito sobre las bases de aquel, al que sólo deberemos (deberán, los políticos y demás super-expertos delegados, claro) reajustar como manecillas de reloj viejo. Quienes se adhieren a las propuestas arribistas de ‘recomponer el sistema desde dentro’, prometiendo con ello una sociedad ‘mejor’ basada en lo mismo que ya tenemos, con una nueva capa de barniz, tienen la osadía de erigirse líderes pero hacerse llamar ‘portavoces’; han logrado, a fin de cuentas, el poder de la responsabilidad civil de miles de personas, que de pronto, entregan su causa a los delirios de un nuevo jeque izquierdista, en este caso, Pablo Iglesias, que promete, en los proximos años, convertirse en el nuevo Carrillo o algo parecido. La crítica a su programa es sencilla, pues desde la perspectiva de este posibilismo, todo se descompone como papel mojado, como los visos que la historia ya ha conocido, en esas intentonas de ‘reformar desde dentro’, que en lo conocido han terminado por perfeccionar el sistema de dominación.

Imagen

La precariedad de mucha gente, hecho incontestable, no puede negar un análisis de sus razones. El servilismo que ha generado el Estado de Bienestar, al hacer a la gente dependiente de todos sus tentáculos, es lo que ocasiona ahora que, cuando este bienestar se repliega como dinámica del capital, la gente queda desamparada, inútil e impotente ante las responsabilidades que ya no tiene, porque el Estado se las arrebató. Desde el salario urbano, que provoca que la gente viva volcada por trabajos indeseados sólo por obtener dinero, y que ha ocasionado que, en lo competente de la vida, en la adversidad, seamos piltrafas humanas, que no sepamos ni sembrar una tomatera para autoabastecernos; pasando por, claro, la erradicación de los espacios, por seguir con la ciudad, donde podrían darse las condiciones para ese batallar por uno mismo; todo, como complejidad de la modernidad, ha privado a la gente de autonomía para enfrentarse a la carestía provocada por la ausencia de necesidades generadas y entregadas, en el pasado reciente, por el Estado. Ahora, a los espectros del ayer, como víctimas y no culpables de este proceso histórico atroz (pero asumiendo la corresponsabilidad de enmendarlo) sólo les queda la mendicidad, más subsidio y si podemos, renta básica, ‘papá Estado’.

Y ahí, sabiendo canalizar los brotes de energía enemistada con la situación de las cosas, ha surgido Podemos, como vehículo político, finalmente, del 15-M y sus derivados, entregado al juego usurpador de la partitocracia. La realidad es que lo que resume el discurso de Podemos (tanto como el de toda la izquierda parlamentaria) es el de demandar más Estado. Sin querer valorar si los líderes, Iglesias en este caso, son ingenuos, bobos o del todo mentirosos, lo que creo que es irrelevante, la propulsión de este partido ha llegado como herencia del asamblearismo que al parecer quiere autodestruirse, al rendirse al liderazgo de una organización política que, por mucho que se empeñe en el maquillaje democrático, con los llamados ‘Círculos’, no combate la principal negación de la asamblea, la delegación. Además, la carrera del éxito de Podemos ha venido patrocinada por todos los medios de comunicación del país, lo que da para pensar a quien quiera entrar en lo insondable de los sillones de administración de las grandes fortunas españolas y europeas. Lo único que demuestra la carrera al estrellato de Pablo Iglesias es el deseo de toda la corporatocracia mediática de impulsar el reformismo como necesidad social, lo que dista mucho de los delirios del tertuliano, que se cree digno guerrero en la arena del enemigo, pero que sabe perfectamente que lo que ha conseguido es que los medios le han hecho la campaña electoral. El triturado de las conciencias a través del televisor vuelve a repetirse como orientación concienzuda hacia una opción política determinada, y esto, evidentemente, no resulta en un agravio para ‘la casta’ ni un compromiso para el poder, pues de serlo Iglesias no hubiera estado en todas las cadenas varias veces por semana vendiendo su causa. Pero es que tampoco resulta en un agravio para este personaje, líder de Podemos, que se cree legitimado para invadir los centros de poder y emanar su mensaje hacia personas indefensas, instruyendo en un sesgo ideológico delirante, en tanto no reflexionado ni pensado como perspectiva de futuro. Hay que recordar, una vez más, que el programa de Podemos sencillamente se limita a demandar más Estado, una bobadita como cortesía de la izquierda más académica, supuestamente, que conforma Podemos, lo que habla por sí mismo de la deriva de la universidad como centro de emancipación. El programa llega incluso a proponer la renta básica universal como medida contra la crisis, algo que multiplicaría exponencialmente la dependencia de la gente con el Estado-capital, y sería una medida que, gracias a la irresponsabilidad civil y personal en el secuestro de tantas de nuestras facultades, la modernidad mediante, conduciría a una dejadez y un parasitismo extremos que hundirían la dignidad humana más abajo. Así es, parece ser, el deseo de Podemos: un Estado ultraprotector, respaldado por la fuerza militar invisivilizada hoy (contra la que, claro, no se pronuncian), con la dependencia de la gente generada por el subsidio gratuito, amansada por la sociedad del espectáculo en constante auge que conforma uno de los principios del hedonismo repugnante actual, un factor más agregado para producir neosiervos incapaces de hacer nada, degradados por el delegacionismo y la teocracia de, claro, ellos, Podemos, encabezando dicho Estado, que bien procuran vender como un paraíso lejano a esta descripción pero que, en la práctica, sería casi en la totalidad el resultado, sólo con la incertidumbre de cuáles serán las medidas de control sutil que la hipertecnología desarrolle e implemente proximamente.

Imagen

El reformismo conduce indefectiblemente a invisibilizar los problemas reales de la sociedad moderna, que no son la monarquía, la república o el paro. Es necesario un ejercicio de abstracción del presente cotidiano, y en la desafección personal, en lo que nos toque, según será más facil o difícil, por lo que jamás consideraría culpable a la sociedad que lo vivimos, sino víctima, desmembrada como integridad humana y convertida en despojos inciviles, irresponsables y autómatas, seres revolcándose en la sensualidad de las formas y embrutecidos por el egoísmo y la competitividad de la jungla urbana. La abdicación del rey simplemente apunta en la misma dirección que el auge de la izquierda parlamentaria, hacia la necesidad de reformar las instituciones del país para converger en una especie de nuevo pacto de transición entre un presente ya no deseado. La evaporación de la propuesta republicana, hasta la fecha, ante la convocatoria de precisamente estos partidos en las plazas de España, explica también la impotencia del tejido social, que ha sido deshecho intencionadamente para impedir que elevemos propuestas conjuntas.

Le pese a quien le pese, el 15-M y la protesta social, como reivindicación popular, está muerta, como fuerza emancipadora, en primer lugar porque sus propuestas sólo caen en hacerse parcheados del sistema ante la soledad ontológica que provoca asumir que es el propio sistema el que está podrido, no su casta, no su banca, no sus políticos; es la propia concepción del poder, que no está sólo arriba sino también instaurado entre todos nosotros, como comportamiento, acepciones y aspiraciones introducidas como aguja hipodérmica. La posibilidad de emancipación pasa por un proceso hondo, largo y tedioso de estudio del presente como fuerza a batir, no por obviar lo oscuro y neblinoso para mandar panfletos políticos sencillos de entender a una masa entregada al ocio embrutecedor, sin responsabilidad política, instaurados en el desafecto por lo civil y la corresponsabilidad social, todo ello promulgado por el credo político del progreso y concretado en esta época de la historia en el tándem Estado-capital, fuente indisociable del mal social y no aparatos enfretados, como apresuran a afirmar las ideologías actuales.

Mientras parece que los debates son el temible peligro de la ultraderecha y la casposa monarquía, lo que ocurre es que el debate está cerrado y la necesidad de reforma se nos ha vuelto a vender a manos de gente que, sin saber muy bien cómo, le hemos entregado nuestra autonomía. Pablo Iglesias promete convertirse en el verdadero nuevo rey, y si no es él, sera otro, de signo indistinto, pues ya vemos las evidentes similitudes entre el programa del Frente Nacional y el de Podemos. Lo que sí está asegurado es un laureado incólume a la figura de Juan Carlos I, desde la potencia adoctrinadora de medios como El País, alabando su papel ‘ejemplar’ en el proceso de transición, lo que de verdad quiere significar una preparación para los nuevos tiempos donde el ‘éxito’ de ese proceso sea traido al presente como garantía de confianza en los que deciden, mientras el pueblo ya no es pueblo sino sujetos atomizados intentando desesperadamente abrazarse y ponerse en común, con la mejor de las voluntades.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s