¿Qué es la izquierda? – Para una crítica radical de la izquierda (2)

Como he dicho, lo importante de una crítica tal no es circunscribirse al marco de la izquierda, sino poder ser traducida, hacerse mutable, para todos los credos ideológicos que estén por venir y de cuya proyección histórica dimanen los mismos principios, es decir, convertirse en el ‘pensamiento alternativo’ oficial. Aún así, será útil definir qué es la izquierda hoy, con esta aspiración de ser transversal y saltar por encima de los tópicos.

En su dimensión social, en su penetración cultural, la izquierda es hoy el bastión intelectual de los inconformes. Constituye un contrato ideológico que pacta el hastiado, el oprimido, que entrega su pensamiento a una cosmovisión que promete un umbral de liberación y redención. Es éste el principal acicate del izquierdismo, la promesa. En sus formulaciones ideológicas la quimera de la utopía resuena como proyección ineluctable una vez se asume la lucha. Ésta ha sido la tradición izquierdista más común en los países industrializados desde que se constituye una suficiente ‘clase obrera’ (aunque la teoría de clase no es más que una perspectiva del entorno social). La fraseología izquierdista ha prometido en el pasado la reducción (si no la inversión…) de la desigualdad entre obrero y patrono; ha encontrado en el Estado Social la guinda con la que atraer a los asalariados más incómodos hacia el umbral del bienestar de los servicios, a la par que ha implementado la ideología de los ‘derechos’ normativizados como obsequio al que (unicamente) aspirar.

De esta forma, la izquierda floreció en la dimensión colectiva de la sociedad, como teoría organizativa y explicativa, pero terminó inundando la interioridad de sus seguidores, embruteciendo hasta límites insospechados a todos los que ya se contaron y se cuentan como fanáticos. En su desmesura, la izquierda, con su explicación estrictamente colectiva, economicista y sistémica del mundo, ha mutilado la experiencia humana; ha elevado a única realidad en la conciencia de las personas su teoría del mundo, en la que no caben las dimensiones sensibles del ser humano, sino simplemente las mecánicas. Antes de entrar a valorar dicha teoría de la realidad del mundo (que es falsedad y despiste), la izquierda debe ser denunciada por la forma en que empapa al Hombre. Debido a su contenido abstracto y alejado de toda realidad apreciable, la izquierda obliga a confinar el pensamiento a la más pura fe; no permite al individuo validar sus postulados según su experiencia vital, y con ello, el pensamiento crítico ha mermado generación tras generación en su seno, de forma que en la actualidad permanece raquítico. El obrero que comulgó con los preceptos izquierdistas no leyó en ellos crítica alguna a la idea de progreso; más bien, encontró la forma de soportar su opresión bajo la promesa de un escenario favorable futuro en la misma línea del ‘desarrollo’. Debido a esta opresión que supone el salario, la integridad humana se reduce y la voluntad se concentra en superar esa cierta esclavitud; es así como se asumen como totales los preceptos prometeicos izquierdistas que, no obstante, no explican absolutamente nada de la vida humana.

clase obrera

La deriva izquierdista ha llegado más lejos con el tiempo y ha terminado por aniquilar los resortes de incomodidad que quedaban en el asalariado. Hoy día la izquierda demanda más empleo con fervor. Si estamos por definir la izquierda hoy día de forma útil para nuestra crítica, habría que señalar a todos los discursos, entidades, organizaciones y centros visibles del espacio social que se autodefinen como ‘de izquierda’. Ésta es la marca que atrae a quienes buscan refugio intelectual desde una cierta sospecha de que algo no marcha bien. Quienes hoy se definen de izquierda muy a menudo nada tienen que ver con los avatares de la izquierda en el pasado, salvo en esa humana sensación de desazón, más o menos cercana en la vida, que guía los pasos hacia las mismas fauces de la bestia. La izquierda se replica a sí misma como cebo, y ahí es donde se identifica, pues su discurso cambia según el signo de los tiempos para adecuarse a las exigencias del sistema. La buena voluntad particular de sus allegados es fagocitada por la inmundicia de sus propuestas ideológicas. Puede decirse así que la izquierda ha mutado, si nos atenemos a su discurso, según quienes en el pasado se consideraron de izquierda y quienes lo hacen hoy, pero en su implicación medular, en su forma de intervenir la mente, la izquierda sigue operando de la misma forma. Induce a hacer totales sus preceptos en la interioridad subjetiva, anulando los espacios para el necesario florecimiento de otras dimensiones humanas. La izquierda aniquila el espíritu, pues lo asfixia con su idolatría desmedida por la realidad sensible, y una vez el Hombre es hecho máquina (algo que viene gestándose desde varias generaciones atrás), éste es incapaz de cuestionarse su existencia.

La izquierda es seguramente fruto de un proceso histórico complejo; surge específicamente en un contexto de novedad en las formas de organización social, que propiciaron que cierta fe se instalara en el corazón de los Hombres. Esa primera fe fue estrictamente necesaria para la inyección del narcótico izquierdista; pero en su desarrollo histórico, el mismo ideal progresista ha redundado en vaciar a la persona de todo interior humano y, así, ha hecho posible que dicha fe en un discurso tan ajeno a la realidad del Hombre se asiente como carácter imborrable de la epistemología moderna. La izquierda necesitó una primera confianza y, una vez instaurada, ha aumentado su secuestro potencial, pues al limitar la reflexión sobre la vida humana, limita la reflexión sobre sí misma; impide su crítica. La reducción del ser humano a cuerpo en demanda de sus necesidades fisiológicas es producto tanto de la modernidad misma como de la izquierda; sólo se entiende bajo el sistema social que la izquierda actualiza e invita a practicar. En España ha sido la izquierda, en su generalidad como ideario progresista, la responsable del colapso mental fruto del periodo de la democracia. Por tanto la izquierda es ya, en nuestra sociedad, una cierta tendencia general, una peligrosa inercia de fondo que impone el credo del progreso con total irreverencia.

Por todo ello, el objetivo de la crítica a la izquierda es devolver la reflexión intelectual al plano humano, y en ello la izquierda es adversario eterno. No importará tanto, pues, descender a la cosmovisión izquierdista, denunciar por qué su visión del mundo conduce a la tragedia (lo que se hará), sino que hace falta centrar el discurso en su implicación sociológica. No importará tanto entregar las evidencias sino hacer posible su avistamiento. 

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2 comentarios en “¿Qué es la izquierda? – Para una crítica radical de la izquierda (2)

  1. Nacido en el 74 pertenezco a una generación que vivía en las fauzes del sistema, teniendo como embajador a la izquierda que moldeaba las ideas fundamentales con las cuales debiamos darle servicio el resto de nuestras vidas, menos mal que todavía debe quedar algo en lo profundo que intenta no caer del todo en su trampa mortal.

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