Blade Runner – Banda Sonora Original

El aura de proeza que rodea a Blade Runner parece poder perpetuarse por los más acérrimos seguidores del universo creado por Philip K E. Dick (e interpretado por Ridley Scott) hasta planos insospechados (de hecho, hasta cada plano del film que adapta la novela: hasta cada escondite de esta fantasía futurible de anclajes existencialistas y pesimistas). En lo referente al film de 1982, son muchas sus mentes ideólogas, los talentos que intervinieron con oportuno acierto en la confección y consagración (posterior re-valorización) de la cinta. Sería una necedad no incluir en esa lista de personas que trabajaron para dar vida a cada personaje, cada escena; a todas y cada una de las esquinas del imaginario distópico de Los Ángeles en su futuro inminente; sería nefasto no recordar con flagrante admiración (apostilla personal, sí) el trabajo musical de Vangelis, don Evángelos Odiseas Papathanassiou, compositor griego de gran aplauso entre los bastidores de la gran pantalla

Vangelis es el responsable de romper el silencio del espeacio interestelar que media entre nuestra realidad y la de Blade Runner; es el encargado de enajenar sus acepciones e introducirlas en un mundo ficticio -que no irreal, pues Blade Runner tiene mucho de sociedad contemporánea. Las directrices de las que fue provisto fueron (serían, me gusta imaginarlas) concisas: retratar, con sibilino tacto, un suburbio mundano de aspecto grisáceo y opaco, tempestuoso, corrupto de publicidad invasora, de empresas de nuevos usos y nece(si)dades. Agotado, en detrimento moral, con tono residual, como conducido por una sociedad anclada en un pasado (presente) ostracista pero visionaria (imagen de) un aciago augurio de desdichado futuro. Vangelis implica su música electronica en la comprensión del film; conduce al espectador hacia un acercamiento más certero de la visión de Scott de la novela de Philip K.D. La fusión de jazz, blues y otras manifestaciones modernas conforma la banda sonora de la cinta. Representaciones depositarias de ciertas convenciones en nuestra sociedad -como la marginalidad, el desamparo, cuando no reminiscencias del film noir, recovecos de una sociedad callejera aunque iluminada de neón. Vangelis confecciona un trabajo con miradas a su entorno -al subsuelo de éste-, y acierta, se muestra conocedor de un bagaje cultural musical con sitio para la figura retórica. En sus temas se introducen comentarios, diálogos nostálgicos y tragicamente poéticos, que derivan en ritmos oníricos de trascendencia interpersonal: “Deckard, do you have those files on me? The incept date, the longevity: those things, you saw them? Deckard, what if I go north? Would you come after me? Hunt..me? (en el tema Wait for me).

Blade Runner es un concepto presente, y así también su orquestación. Una hibridación exquisita en la historia del cine; un romance robótico, no obstante humano. Blade Runner triunfa porque no distó en su estreno de nosotros años luz ni brazos galácticos, ni siquiera ahora lo hace, pues mantiene esa viculación inherente favorecida enormemente por su música; su enlace con nuestra generación sensible, con muchos usos de los géneros de la música, ahora matizados con un verde, negro o rojo refulgentes, futuristas.

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